Natalia

Me llamo Natalia y tengo dos hijas, Sara de siete años y Carla de dieciocho meses.


Natalia, Sara y Carla


M i primera lactancia fue un fracaso, a los dos o tres meses empecé con el biberón “de ayuda” y a los cinco, desteté. Digo “empecé” y “desteté” porque, aunque fueron recomendaciones de profesionales y podría responsabilizarles del fracaso (y lo hice durante un tiempo), en realidad fui YO la que en su momento decidí hacerlo.

En el tiempo que llevo en la asociación LACTAMOR, he visto y oído triunfar tantas lactancias, algunas muy complicadas al principio, que me he dado cuenta de que lo raro, lo difícil, es NO PODER amamantar, las excepciones son mínimas si se siguen unas pautas claras que se resumen en “pecho a demanda” (de verdad ) y demandar no es igual que llorar (llorar es la enésima potencia de demandar). A demanda quiere decir - y perdón si exagero -, pero alguien tiene que decirnos claramente a las madres, que el primer mes, incluso el segundo, vamos a estar con la teta al aire, digamos que veinte de las veinticuatro horas que tiene el día. Si las madres supiéramos eso y lo aceptásemos, podríamos sin problemas amamantar con tranquilidad. Hemos de saber que la lactancia y el puerperio nos regresan a nuestros orígenes de animal mamífero, al instinto, a los ritmos naturales sin horarios, pero hay que dejarse llevar, es importante hacerlo pero difícil entenderlo.

Mi primera lactancia fracasó porque no me dejé llevar por las señales que me enviaba mi bebé. Estamos tan desconectadas de nuestra naturaleza biológica de mujer y de mamífero…..nos fiamos tan poco de nuestro cuerpo y de nuestro instinto que hemos olvidado el idioma que habla. No sabemos interpretar sus señales. Así es como damos por ciertas tantas falsedades como “no puede tener hambre, acaba de comer” “tendrá gases”, “no tengo leche suficiente”, “no lo alimenta”,”es muy grande y hay que darle un bibe”,” a los cinco meses empieza a comer y empezamos el destete”, tantos sin sentido en los que yo creí, pensé, repetí y hoy sé que son falsos mitos. Me pregunto cómo podemos creer que la naturaleza - que todos sabemos que es perfecta - pudiera cometer tantos errores con las mujeres y no dotarlas de suficiente leche para sus crías o hacerlas producir una leche de poca calidad, de poco alimento y que siente mal a sus bebés.

Todas las madres, supongo que salvo raras excepciones, queremos lo mejor para nuestros hijos y es muy duro pensar que no le diste lo mejor, que podrías haberlo hecho, que estaba a tu alcance, en tu mano, o mejor dicho en tu pecho y que no lo hiciste. Creo que es por lo que muchas madres que hemos fracasado en una lactancia, a veces, nos ponemos a la defensiva cuando se habla de dar el pecho, huimos de nuestro sentimiento de culpabilidad, aún inconscientemente. Por eso creo, que cuando me quedé embarazada por segunda vez no quería saber nada de dar el pecho, pensaba en el biberón desde el principio. Tal era el miedo al fracaso, que culpabilizaba de todos los males a la lactancia materna, no quería reconocer, sobre todo ante mi misma que no lo había hecho del todo bien con mi primera hija.

A lo largo de los nueve meses de embarazo de mi segunda hija, algo se despertó en mí y empecé a leer todo lo que caía en mis manos sobre lactancia, creo que me sobreinformé y gracias a ello y a que tuve una muy buena experiencia de parto (gracias infinitas a todo el personal del Hospital de Jarrio, no sabemos la suerte que tenemos), inicié la lactancia con la seguridad de que lo iba a conseguir.

Me sumergí en el puerperio, me tiré de cabeza loca, obsesionada con “alimentar a mi cría” como cualquier hembra de mamífero. Durante dos meses no seguí horarios ni de comida, ni de sueño, ni de acicalado personal como eran en mí costumbres de “mujer normal”, sólo seguí el ritmo que mi hija recién nacida me marcaba. Tuve la gran ayuda de mi suegra Irma y de mi marido Jose, que contribuyeron a organizar la vida cotidiana para que nada se hundiera y todo funcionase como siempre, a pesar de mi “stand-by”.


Foto de familia Natalia, Jose, Carla, Sara y la abuela


Quiero recomendar a todas las mujeres que quieran amamantar que durante su embarazo se informen, que acudan a algún grupo de apoyo, para saber lo que es, para escuchar, preguntar y comprender lo que les puedan comentar otras madres que por encima de todo respetarán su decisión, pero una decisión que sea basada en la información y en el conocimiento real y práctico de lo que es amamantar, hecho que, por otra parte, no creo que nadie sepa transmitir mejor que otra madre que esté amamantando.

Inicié mi segunda lactancia con la que no tuve ningún problema, sentí la necesidad de ponerme en contacto con otras madres y así conocí la asociación LACTAMOR, necesitaba aportar mi granito de arena para que así también otras madres no tuvieran que lamentar una lactancia fallida como me ocurrió a mí la primera vez.


Carla a la teta


En resumen, que llevo dieciocho meses de feliz lactancia y espero que dure mucho más, porque no estoy preparada para un destete, afortunadamente mi hija Carla tampoco quiere. No sé cuando se terminará todo esto, porque realmente ha sido un gran regalo de la vida, en palabras de Carlos González, no se sabe quién da y quién recibe.

Es un hecho indiscutible que la leche materna es el mejor alimento para hoy y para el futuro de nuestros hijos y también es lo mejor para la madre, pena que no todas las madres sean capaces de descubrirlo y disfrutarlo, no sólo eso sino también el aspecto emocional y afectivo que representa, un verdadero regalo para toda la vida, para nosotras y para nuestros hijos.


Carla y Sara


La lactancia de mi hija Sara fue corta y poco disfrutada, hice lo que pude con los conocimientos que tenía entonces, me queda la satisfacción de que Sara crece viendo como su hermana Carla se cría en una familia donde la lactancia es un disfrute, una felicidad y lo más importante: lo más natural del mundo .Espero que este modelo de crianza le sirva de referencia para cuando sea mayor y sea ella la que se convierta en madre.


(C) 2005 - Reservados todos los derechos

Imprimir esta hoja